Una llegada típica, un final inesperado.

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Una llegada típica, un final inesperado.

Mensaje por Jake Walker el Lun Oct 08, 2012 4:14 am

Pereza, esa era la gran y única palabra que describía a grandes rasgos el estado de ánimo de Jake. No recordaba bien porque se había metido en aquel lio, solo recordaba que en un principio, se había negado a aceptar el contrato. Pero por alguna extraña razón, se encontraba con dicho contrato firmado y aceptado en la mochila, caminando por un bello sendero de la zona de Morava, en dirección a la ciudad de Cereza. Técnicamente tenía que reunirse con un contacto y compañero en una posada de la ciudad, él le otorgaría toda la información y orientación necesaria para moverse por las tierras que pisaba y así poder alcanzar una resolución buena o al menos decente para su contrato.

Pero ahí estaba el enorme problema, Jake era un lobo solitario, jamás había trabajado con nadie y no tenía pensado hacerlo nunca. Pero el contrato había sido un favor personal de uno de sus pocos amigos, por lo que había sido imposible negarse. No tenía ninguna gana de aguantar a un compañero, de limitarse a su ritmo y de compartir sus decisiones… Pero por amistad esa vez le tocaría tragar.

Tras remover un poco más sus pensamientos se detuvo, sacando el mapa de la mochila y echándole un pequeño vistazo determinó su posición concreta. La ciudad estaba a 5 o 6 kilómetros dirección norte, tras una cordillera que formaba un muro natural, cubriendo parcialmente la ciudad. Por suerte, el camino que había tomado, si bien no era muy común, llevaba directamente a un pequeño rodeo por la cordillera y de ahí a la ciudad. Jake alzó el rostro, orientando sus brillantes ojos azules ante la imponente mole de piedra que se alzaba ante él, sintiéndose muy poca cosa bajo la sombra de aquel milagro de la naturaleza. Por suerte no tenía que escalar aquel gigante para entrar en al ciudad.

El resto del camino pasó relativamente rápido, pues antes de darse cuenta, un Jake sumido en sus pensamientos se encontró ante la concurrida puerta de la hermosa Cereza, su destino y residencia durante los próximos días. La entrada bullía vida, con todo tipo de gente y transportes entrando y saliendo, acompañados de risas, gritos y conversaciones que se escuchaban por todos lados. En general parecía una ciudad alegre, cosa que el mercenario no había visto en mucho tiempo.

Se adentró en la viva ciudad, memorizando el camino que seguía a la vez que disfrutaba de todos los puestos y comercios que se mostraban ante su vista. A la venta había todo tipo de productos, desde elementos que no había visto en su vida, hasta los famosos y conocidos relojes de agua, los cuales le indicaban que había llegado con tiempo de sobra. Había quedado con su contacto en el comedor de la posada en la que se iba a hospedar, sobre las 12 de la noche del día 5 o si se retrasaba, del día 6. Todo había ido según lo previsto, por lo que había llegado a las 7 de la tarde del día 5, con tiempo de sobra para instalarse, comer algo y darse una vuelta por la ciudad.

Tras perderse en dos ocasiones por puro orgullo, decidió pedir algunas indicaciones que lo llevaron directo a su alojamiento, una bonita posada de 3 pisos fabricada con madera de pino, cedro y algunas partes de roca, conocida como la “Flor de piedra”, que se según le había comentado su amigo, era famosa por sus baños termales. Era bastante más lujosa que sus alojamientos habituales, pero su amigo conocía al dueño y había insistido en hacerle una reserva en aquel lugar y pagarle la estancia, como agradecimiento por haber aceptado el trabajo. Se instaló en el lugar, dejando sus cosas en una amplia habitación bastante bien equipada y conversó un rato con el amable posadero, el cual le dio varias indicaciones de utilidad.

Jake gastó las siguientes horas en comprar algunas provisiones, visitar algunos puntos de la ciudad y darse una buena cena que renovó las energías gastadas durante el largo viaje. Cuando se fue acercando la hora, volvió a la posada y se permitió el lujo de perder algo de tiempo haciendo el vago en los baños termales de la posada, los cuales consistían en 3 piscinas de pequeño tamaño y profundidad, llenas de agradable agua caliente y situadas al aire libre, tras los muros traseros de la posada. Una vez que se dio un buen baño, quedando limpio, aseado y con agradable olor a jabón, se dirigió al comedor de la posada, el cual estaba vació en aquel momento pues todos los inquilinos y bebedores habituales se habían instalado en el bar, demostrado por eco de agradables risas y animadas conversaciones que llegaba desde la habitación contigua a la suya.

El mercenario elfo se sentó en la primera mesa que pilló y espero con paciencia a que el reloj diera la medianoche, no tenía ni idea de la apariencia de su contacto, simplemente le habían dicho que le mandarían a un compañero cualificado. Alzó su mirada añil y la dejó fija en la puerta, con la esperanza de que no le hicieran esperar mucho y todo el asunto quedara claro esa misma noche, cuando antes terminara el encargo antes cobraría y antes podría volver a su trabajo normal y corriente.


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