Lesbia

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Lesbia

Mensaje por Anahelise el Dom Sep 09, 2012 5:25 pm

Mucha gente, cuando piensa en ciudades esplendorosas, piensa en Zairel, En Sedeña Latveria,o en Emona. Pero existen muchas otras ciudades igual o mucho mas bellas aunque menos conocidas; tal es el caso de Lesbia, una ciudad de Marvalar que se halla en la cuenca de un gran rio, mismo que casi cruza el continente.

De noche, el puente de Lesbos -que lo cruza- tiene una animación prodigiosa: Cuatro filas de carromatos variopintos, con diferentes destinos; calesas, volquetes, carretas, cualquier tipo de carruajes atestan la calzada, los caballos enseñan su magnificencia bajo sus relucientes arneses; las aceras están cubiertas de una muchedumbre apresurada, agitada, silenciosa y resulta, totalmente inútil intentar cruzar de una acera a otra.

Uno puede mirar estupefacto la afluencia de carrozas y ver como lesbia es una ciudad vieja, incluso las cosas nuevas son viejas;

Más allá, una posada de hinchados balcones-mirador conserva aún un raro aire de disipación y oferta de placeres; ahora la posada se alza caduca, como una belleza ataviada con sus más hermosas ropas de medianoche. El Palacio de la sede , con todas sus columnas y sus cúpulas, llega en perfecta simetría hasta las aguas y transforma de nuevo el río en el sereno caudal al que la nobleza Marvalariana en otros tiempos se dirigía,(antes de Mudarse a Zairel) paseando sin prisas por verdes prados o cuyos peldaños de piedra en la orilla descendían para pasar a bordo de sus embarcaciones de recreo.

Conforme uno se acerca al puente de la Torre, la autoridad de la ciudad comenzaba a imponerse: Los edificios eran más robustos, y amontonándose, alcanzaban mayores alturas. El cielo parece poblado de nubes más pesadas y más purpúreas, cúpulas que se hinchaban y los campanarios eclesiales, blanqueados por el paso del tiempo, se mezclaban con las chimeneas de las casas, en forma de lápiz, puntiagudas

Sigues avanzando y se oyen los rumores y el rugido de la mismísima Lesbia. Por fin, has llegado a ese grueso y formidable círculo de viejas piedras, donde el comercio es ingenioso e infatigable, puede detenerste a husmear o continuar avanzando hacia el centro de la ciudad. A medida que avanzas una fina pero imparable lluvia rocía incesante las calles de Lesbia, obligando a sus habitantes a tomar su habitual paraguas oscuro, las negras gabardinas y los botines para la lluvia. La lluvia se acompaña de una fría y molesta humedad, junto a una mortecina niebla, dando a la milenaria ciudad un aire de irrealidad y desasosiego. En las alturas, las enormes agujas de la torre de reloj principal marcan las doce de la noche, anunciando al olvidado dios Cronos que un nuevo día acaba de comenzar.

Las tradicionales campanadas de la torre hacen que toda una bandada de palomas salgan despavoridas volando, en busca de otro refugio seco
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Anahelise

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