La media luna

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La media luna

Mensaje por Anahelise el Lun Sep 10, 2012 10:54 pm

La esplendorosa Ciudad Imperial de la media luna está situada sobre una isla en medio de los marjales, fruto de la inmensa humedad que proporciona el Río Tortuoso, tan cerca, y todos los caminos conducen a ella. Erguida sobre el fértil valle, se divisa con claridad desde lo alto del último arrecife, y parece más grande a medida que te acercas a ella. Esta construida por entero de mármol blanco y, bajo el sol radiante de las mañanas, su visión resulta deslumbrante. Las murallas son altas y gruesas y la torre del interior de la ciudad se alzan sobre ellas.

Por encima de las turbulentas aguas de los marjales, se arquea un puente lleno de gracia, hasta la entrada de bronce, donde un grupo de pulcros legionarios montan guardia constantemente. Las calles de Media luna están abarrotadas de gente de todas partes del mundo, Nordinalianos, Cañamerianos y Tylerianos codo a codo con thulls. Hay unos cuantos nadraks y, a tu juicio, un número desproporcionado de Lunares. A ambos lados de las amplias calles se alzan casas majestuosas, con fachadas de mármol blanco y puertas macizas con frecuencia vigiladas por mercenarios privados que miran a los transeúntes con expresión agresiva.

El Palacio Imperial se alza sobre una alta colina en el centro de La media luna. No consta de un solo edificio, sino de varios, grandes y pequeños, y todos construidos en mármol y rodeados de prados y jardines donde los cipreses ofrecen una agradable sombra. La totalidad del complejo está encerrado entre altos muros sobre los cuales hay estatuas a distancias regulares. En la puerta del palacio los legionarios te cortan el paso o si te reconocen como posible invitado de inmediato envían a buscar a uno de los chambelanes del emperador. Al otro lado de la arcada se sucede un jardín: el césped cuidado con esmero, hay fuentes con suaves cascadas y los rosales han sido podados de modo que lograran una total armonía. Varios árboles frutales, al parecer muy antiguos, tienen brotes casi a punto de florece bajo el cálido sol. Los gorriones se disputan sitio para los nidos sobre las ramas torcidas.

Destaca al sureste de la ciudad, sirviendo como frontera, el Bosque Celta.

Es un gran bosque, aunque los hay mayores en el mundo, y es el hogar de las driadas, mujeres que viven unidas a sus robles, en el gran bosque. Dentro del bosque existen varios arroyos y riachuelos que proporcionan agua a las driadas, así como un milenario roble, vinculado con la reina de la especie y que sirve de hogar entre sus gruesas ramas y sus profundas raíces a las demás driadas.

Las driadas no tienen moneda, ni ciudades, ni clases. Reconocen a una reina y a su hija la princesa, pero no suelen tratarse entre ellas con condescendencia. Viven en el bosque y suelen hacer vida común en el gran roble de la reina Xantha.

Se alimentan de los frutos maduros que caen de los árboles que crecen en el bosque, pues nunca arrancarían nada de ellos, ya que se sienten muy unidas a estos y pueden comunicarse con estos. No suelen comer carne, ya que están en contra de herir animales, pero pueden hacerlo. Prefieren mantenerse vegetarianas y beben zumos de frutas y jugos de plantas en vez de vino o cerveza.
Todo se lo proporciona el bosque, por lo que no necesitan comerciar. Quizás, de vez en cuando, negocien con algún mercader su vida por ropas y demás objetos o, sencillamente, las reciban como regalos de los hombres.

Son mujeres vinculadas a unos robles que se plantan cuando nacen. Su aspecto es hermoso y juvenil, pues todas ellas son menudas y no parecen superar, en aspecto, la edad de una chica de 14 a 16 años. No son fuertes y apenas pueden pasar el metro cincuenta de estatura. Sin embargo, son muy hermosas y su presencia resulta engatusadora para cualquier hombre. Suelen tener los ojos claros y brillantes, en tonos verdes, azules, color miel; tonos muy relacionados con los claros colores de los árboles y el bosque. De la misma forma, sus cabellos serán rubios en todos sus tonos hasta el castaño claro y pelirrojas. No se conoce ni se nombra ninguna driada con el pelo oscuro en las canciones. El tono de su piel puede ser ligeramente verde pálido a bronceado como el olivo. Son muy infantiles, pues nunca se enfrentan a una vida dura fuera del bosque. Todos los nombres de driadas comienzan y deben comenzar por “X” pues es una costumbre muy respetada entre ellas.

Suelen vestir túnicas cortas que confeccionan ellas mismas, de colores verdes y marrones, tonos relacionados con el bosque siempre. También crean ellas sus propios arcos con flechas de punta de madera, sencillos, pero para el uso que tienen eficaces. Por ello, tratan a los intrusos de su bosque sin escrúpulos, matándolos generalmente, aunque si son hombres y las driadas conocen o se llevan bien con las mujeres, pueden pedirlos “prestados”.

Rara vez una driada abandona el bosque, porque el mundo fuera les es hostil y desconocido. Además, un intenso sentimiento de añoranza hacia el bosque y el roble al que están vinculadas no permite que pasen largas temporadas fuera del bosque, teniendo que volver regularmente a su hogar, ya que se vuelven decaídas, sin ánimos y apesadumbradas. Su comportamiento dentro del bosque cuando aparece un hombre se resume en juguetón, ya que intentan que ese hombre escape para matarlo o herirlo y para acostarse con ellos. De esa forma, quedan embarazadas y perpetúan su especie, pues una driada sólo puede tener hijas que serán driadas.
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